El Niño Dios de Los Reyes: una imagen de fe viva que une a Izúcar de Matamoros

Por Milton Andrés García Anaya

Izúcar de Matamoros, Pue.— A diferencia de otras regiones donde la imagen del Niño Jesús se resguarda al concluir el periodo navideño, en México su presencia permanece viva durante todo el año. No es únicamente una figura de devoción doméstica: el Niño Dios es parte de la vida cotidiana, protector espiritual y símbolo de identidad comunitaria. En Izúcar de Matamoros, esta fe se manifiesta con especial intensidad en el barrio de Los Reyes Zoquitlán, donde una pequeña imagen del Niño Dios concentra la devoción de barrios enteros y de comunidades vecinas.

Fotografía cortesía de Facebook Mayordomía barrio de los reyes 2025-2026

Conocido popularmente como “el Niño de Los Reyes”, esta imagen concentra una devoción que rebasa los límites del propio barrio. Su culto se ha extendido a prácticamente todos los barrios de la cabecera municipal, así como a colonias, comunidades y municipios vecinos, convirtiéndolo en un punto de encuentro espiritual para cientos de personas que acuden a él para pedir favores, agradecer milagros o simplemente reafirmar su fe.

Una imagen pequeña, una devoción enorme

La imagen mide aproximadamente 46 centímetros, pesa alrededor de un kilogramo y está elaborada en madera, probablemente de colorín. Forma parte de un conjunto escultórico del arte sacro conocido como Los Cinco Señores: San Joaquín, Santa Ana, San José, la Virgen María y el Niño Dios. Aunque el barrio de Los Reyes Zoquitlán tiene como patronos a los Reyes Magos, es el Niño Dios quien ocupa el lugar central en la devoción popular, siendo la figura más querida y reconocida del barrio y, para muchos fieles, de todo Izúcar.

De acuerdo con Roberto Carlos Merino Ruiz, mayordomo del barrio, la veneración al Niño Dios de Los Reyes no distingue procedencias. Devotos de los siete barrios orientales, de los siete occidentales, así como de comunidades como Puctla y municipios como Tlapanala, acuden constantemente a encomendarse a la imagen, la cual es considerada especialmente milagrosa, sobre todo en temas relacionados con la salud.

La colecta del Niño: una fe que camina los barrios

Una de las prácticas que ha consolidado esta devoción y que ha contribuido a que el Niño de Los Reyes sea reconocido como la imagen del Niño Dios más venerada de Izúcar es la colecta anual, que se realiza del 2 al 6 de noviembre. Durante estos días, la imagen recorre casa por casa distintos barrios de la ciudad para reunir cooperación económica y ceras destinadas a su festividad y al culto durante el año.

Fotografías cortesía de Facebook Mayordomía barrio de los reyes 2025-2026

La colecta inicia con una misa a las 6:00 A.M., y continúa con largas jornadas que pueden extenderse hasta la noche. La imagen no regresa de inmediato a su templo, sino que pernocta en casas de vecinos que ofrecen alimentos y hospitalidad a quienes acompañan el recorrido. El último día culmina con la tradicional “bajada de cera”, una procesión multitudinaria que devuelve al Niño Dios a su iglesia, acompañado de las ceras reunidas y de decenas de fieles.

El Niño Dios en las fiestas patronales

Fotografías cortesía de Facebook Mayordomía barrio de los reyes 2025-2026

Otra de las prácticas que ha fortalecido el fervor es la presencia del Niño Dios de Los Reyes en las fiestas patronales de barrios y comunidades vecinas. Como signo de fraternidad y unidad, el barrio suele acudir a estas celebraciones con la imagen, la cual encabeza las procesiones. De acuerdo con la tradición, al tratarse de la representación misma de Jesús, ninguna otra imagen puede ir delante de él ni darle la espalda.

Gracias a estas invitaciones, el Niño Dios ha recorrido prácticamente todos los barrios orientales de Izúcar, algunos occidentales y comunidades cercanas. Incluso ha salido del estado en una ocasión especial: fue llevado a Juitepec, Morelos, para acompañar el velorio, misa y sepelio de una persona que había sido madrina de la imagen, como muestra de agradecimiento y cariño hacia la devoción.

El arrullo y el padrinazgo: una tradición profundamente arraigada

Aunque la fiesta patronal del barrio se celebra el 6 de enero, día de la Epifanía, una de las fechas más significativas es el 24 de diciembre, cuando se realiza el tradicional arrullo del Niño Dios. Esta celebración refleja una concepción profundamente mexicana de la infancia de Cristo, en la que la imagen no se limita al pesebre, sino que es cuidada, vestida y acompañada como un ser vivo dentro de la comunidad.

Para fungir como padrino o madrina del Niño Dios de Los Reyes existen reglas claras: ser originario del barrio, profesar la fe católica y solicitar el cargo con anticipación. La demanda es tal que actualmente existe una lista de espera de aproximadamente dos años, aunque en otros momentos ha llegado a ser de hasta una década.

Fotografías cortesía de Facebook Mayordomía barrio de los reyes 2025-2026

Los padrinos asumen diversas responsabilidades. Desde mediados de diciembre reciben la imagen en su hogar, donde rezan diariamente la novena. El 24 de diciembre, el Niño Dios es llevado en procesión al templo del barrio, se celebra la misa de Nochebuena y se realiza el arrullo, al término del cual los padrinos reparten aguinaldos a los asistentes, que pueden sumar cerca de 800 personas. Posteriormente, el 31 de diciembre, la imagen regresa a casa de los padrinos para ser vestida con un ropón nuevo, en preparación para la festividad del 6 de enero, cuando es entregada nuevamente al mayordomo.

Fotografías cortesía de Facebook Mayordomía barrio de los reyes 2025-2026

Fe, identidad y continuidad cultural

La comunidad atribuye numerosos milagros al Niño Dios de Los Reyes, principalmente relacionados con la sanación de enfermedades. Como muestra de agradecimiento, algunas personas realizan mandas que van desde la donación de posadas decembrinas hasta la entrega de miles de escapularios durante las colectas.

Más allá de la fe individual, esta imagen se ha convertido en un símbolo de identidad colectiva, capaz de unir barrios, comunidades y generaciones. El Niño Dios de Los Reyes encarna una forma de religiosidad profundamente arraigada en la cultura mexicana, donde las imágenes sagradas no solo representan lo divino, sino que acompañan, protegen y cohesionan a quienes creen en ellas.

Fotografías cortesía de Erendira Orduña

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