Por: Milton Andrés García Anaya

En Izúcar de Matamoros, como en otros municipios de la región, cada 28 de septiembre las calles comienzan a llenarse con el aroma y el color amarillo del pericón. Con esta planta se elaboran pequeñas cruces que son colocadas en los sembradíos, puertas y ventanas de las casas, entradas de negocios y hasta en algunos vehículos.
A esta práctica se le conoce como “enflorada” y, más que una costumbre decorativa, representa una antigua práctica de protección que cada año vuelve a hacerse presente en vísperas de la fiesta de San Miguel Arcángel.
Cuando el demonio anda suelto
De acuerdo con la creencia popular, durante la noche previa a la fiesta de San Miguel Arcángel, el demonio anda suelto. Durante esas horas puede entrar a los campos, casas, negocios y otros espacios para provocar daños, particularmente en los cultivos que están próximos a ser cosechados.
Por ello, antes de que llegue la noche, se colocan las cruces de pericón en los lugares que se desea proteger. La creencia señala que, al día siguiente, 29 de septiembre, San Miguel Arcángel enfrenta y vuelve a someter al demonio, mientras protege y bendice aquello que fue “enflorado”.

Esta relación entre San Miguel, el demonio y la cruz de pericón es precisamente uno de los ejes que estudia la antropóloga Dora Sierra Carrillo en su libro El demonio anda suelto. El poder de la Cruz de Pericón, publicado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia. La autora identifica en esta tradición una especie de tríada sagrada, en la que San Miguel representa la defensa frente al mal y la cruz de pericón funciona como un elemento protector colocado en el espacio doméstico y agrícola.
El yauhtli, una planta con historia
Pero la historia del pericón va mucho más atrás que la celebración de San Miguel.
La planta, conocida en náhuatl como yauhtli, tuvo un importante carácter ritual dentro de las sociedades mesoamericanas. Sierra Carrillo ha estudiado precisamente sus usos mágico-religiosos y su permanencia a través del tiempo. Su investigación parte de la idea del pericón como una planta curativa y protectora, cuya importancia no desapareció con la llegada del cristianismo.
El florecimiento del pericón coincide además con un momento significativo del calendario agrícola: el cierre del temporal de lluvias y la proximidad de las primeras cosechas.
De ahí que, en estas mismas fechas, en distintas comunidades de la región puedan encontrarse las tradicionales “elotadas”, reuniones familiares y entre amigos en las que se preparan los primeros elotes obtenidos de la cosecha.
Así, la planta no solamente protege simbólicamente los espacios: también aparece vinculada a uno de los momentos más importantes del ciclo agrícola, cuando el campo comienza a entregar sus primeros frutos.
Una tradición que atravesó el tiempo
Uno de los aspectos más interesantes de esta práctica es precisamente la manera en que diferentes concepciones del mundo terminaron encontrándose en ella.
La investigación de Sierra Carrillo aborda el uso del yauhtli en el México antiguo, su incorporación a los contextos de la Nueva España y la manera en que la figura de San Miguel Arcángel terminó vinculándose con esta planta dentro de la cosmovisión campesina. La autora dedica incluso un apartado específico al uso del pericón en otras regiones de México, mostrando que no se trata de una práctica aislada.
En este sentido, la cruz de pericón puede entenderse como una expresión de continuidad cultural y transformación religiosa: una planta que ya poseía significados rituales fue incorporada a una nueva estructura religiosa, conservando parte de su carácter protector.

La cruz cristiana y el pericón terminaron formando una unidad simbólica que todavía hoy tiene sentido para numerosas comunidades campesinas.
El pericón también llega a Izúcar

Durante los días previos al 28 y 29 de septiembre es común encontrar vendedores de pericón en distintos puntos de Izúcar de Matamoros.
Algunos llegan desde Morelos, mientras que otros provienen de comunidades de la propia región. Muchos se instalan en los alrededores del centro de la ciudad, particularmente cerca del mercado y del templo de Santo Domingo. Otros recorren las calles de los barrios y colonias ofreciendo los manojos de flores, mientras que algunos comerciantes ya llevan las cruces elaboradas y listas para colocar.
Por unas horas, el amarillo del pericón se convierte en parte del paisaje cotidiano de Izúcar.
San Miguel también tiene sus propios territorios
La presencia de esta tradición adquiere un significado particular en Izúcar, donde existen comunidades vinculadas históricamente con el patronazgo de San Miguel Arcángel.
Entre ellas se encuentra la actual colonia San Miguel, de la que existen referencias históricas como el antiguo barrio de San Miguel Tectepan; también están San Miguel Las Minas y El Mirador, comunidades que mantienen la relación devocional con este santo.



De esta manera, cada 28 de septiembre, mientras algunas personas colocan cuidadosamente las pequeñas cruces amarillas en sus casas, comercios o terrenos, se reproduce una práctica que reúne religión, agricultura, naturaleza y memoria cultural.
La cruz de pericón no es solamente una cruz hecha con flores.
Es el resultado de una larga historia en la que una planta del paisaje mesoamericano adquirió nuevos significados dentro del cristianismo y terminó formando parte de una tradición que, hasta nuestros días, sigue acompañando el ciclo agrícola y la vida cotidiana de los pueblos.
Porque cuando llega septiembre y el pericón florece, en muchas comunidades de nuestra región todavía se recuerda una antigua creencia:
el 28 de septiembre, el demonio anda suelto; pero la casa, el campo y la cosecha ya están protegidos.



Fuente de consulta: Sierra Carrillo, Dora. El demonio anda suelto. El poder de la Cruz de Pericón. Instituto Nacional de Antropología e Historia, Colección Fuentes. La obra deriva de la investigación doctoral de la autora sobre el yauhtli o pericón como planta curativa y protectora.