Un café para todos: la historia de El Chavo

Por Milton Andrés García Anaya

Lo que comenzó como una alternativa de trabajo en 2013 se convirtió en una cafetería que hoy forma parte de la vida cotidiana de Izúcar de Matamoros.

Hay negocios que, con el paso de los años, dejan de ser solamente un establecimiento para convertirse en parte del paisaje y de la vida cotidiana de una ciudad.

En Izúcar de Matamoros, uno de ellos es Cafetería El Chavo.

Por las mañanas es común encontrarse con sus característicos triciclos, sus termos y el pan que acompaña las bebidas. Para algunos es simplemente el café que compran antes de ir al trabajo, para otros representa una parada habitual durante el día. Pero detrás de esos vasos existe una historia que comenzó hace casi 13 años y que ha llevado a sus fundadores de recorrer las calles con un triciclo a contar actualmente con tres establecimientos.

Una alternativa que se convirtió en un proyecto

Ausencia Flores Doroteo y Ernesto Pérez Rosas fundaron Cafetería El Chavo en octubre de 2013.

El proyecto nació en un momento en que la familia buscaba nuevas alternativas de trabajo. Antes de dedicarse al café intentaron con otros productos, pero finalmente encontraron en esta bebida una posibilidad que decidieron explorar.

Ernesto, originario de Veracruz, tenía familiares en la Ciudad de México dedicados a la venta de café. Aunque inicialmente no era un trabajo que conociera a profundidad, decidió viajar a la capital y permanecer alrededor de un mes para aprender lo básico sobre la preparación y venta de este producto.

Aquella experiencia también le permitió conocer una dinámica de comercio muy diferente a la de Izúcar.

Regresó a su ciudad con la intención de adaptar lo que había aprendido a las condiciones locales.

La idea original era comenzar de manera sencilla: salir los lunes a vender café y mantener otras actividades laborales entre semana para complementar los ingresos.

Incluso hubo quienes dudaron de que el proyecto pudiera funcionar.El clima cálido de Izúcar parecía, para algunos, poco compatible con la venta de una bebida caliente.

Pero decidieron intentarlo.

El primer día solamente vendieron un té

Los comienzos fueron complicados.

Ernesto recuerda que cuando salió por primera vez a vender, todavía tenía que acostumbrarse a acercarse a las personas y ofrecerles un producto que no era habitual encontrar de esa manera en las calles de Izúcar.

Aquel primer día solamente vendió un té.

Al siguiente fueron algunos clientes más.

Después las ventas comenzaron a crecer.

Entre los primeros grupos que adoptaron el negocio estuvieron los taxistas. Algunos de ellos comenzaron a recomendar el café entre sus compañeros y poco a poco la clientela fue creciendo mediante algo que terminaría siendo fundamental para el negocio: la recomendación de boca en boca.

Así, aquel triciclo comenzó a hacerse conocido.

Los clientes también ayudaron a construir El Chavo

Una parte importante de la historia de Cafetería El Chavo está precisamente en las sugerencias de sus clientes.

Al principio, las bebidas eran muy sencillas. Durante su experiencia en Ciudad de México, Ernesto había aprendido a preparar café con crema, café con leche, chocolate y algunos tés.

En Izúcar, sin embargo, las necesidades y gustos de los clientes fueron haciendo que el menú cambiara.

Un taxista le sugirió colocar carteles visibles en los termos para que las personas pudieran identificar qué bebida estaba vendiendo.

Otra persona le recomendó ponerle un nombre al negocio.

Su hermano le propuso cambiar el canasto donde transportaba el pan por una caja que hiciera que el triciclo tuviera una presentación más atractiva.

Cada una de esas pequeñas sugerencias fue modificando el proyecto.

Y también de los clientes surgió el nombre.

¿Por qué “El Chavo”?

Durante sus primeros recorridos, algunas personas comenzaron a llamarlo:

“¡Ey, Chavo del café!”

La expresión comenzó a repetirse entre los clientes hasta convertirse prácticamente en un apodo.

A Ernesto le gustó la manera en que la gente comenzó a identificarlo y decidió adoptar “El Chavo” como el nombre del negocio.

Lo que comenzó como una manera espontánea de llamar al vendedor terminó convirtiéndose en una marca reconocida por muchos izucarenses.

Del café tradicional a un menú mucho más amplio

Con el paso de los años, el menú comenzó a crecer.

Ernesto y Ausencia fueron escuchando las peticiones de sus clientes y experimentando con nuevos sabores.

Actualmente ofrecen diferentes variedades de café, tés, avenas y bebidas con distintos aromas y combinaciones.

Entre sus productos más solicitados se encuentran el capuchino y el moka.

Precisamente la historia del moka muestra cómo la interacción con los clientes ha influido en el negocio.

En una ocasión un cliente llegó solicitando esta bebida, pero Ernesto no sabía prepararla. El propio cliente terminó enseñándole la receta y, después de probarla, decidieron incorporarla al menú.

Con el tiempo también experimentaron con ingredientes como nuez, vainilla, crema y leche, además de buscar distintas variedades de café que pudieran ofrecer a sus consumidores.

La filosofía ha sido sencilla: si algo gusta y los clientes lo piden, buscan la manera de incorporarlo.

De un triciclo a tres establecimientos

Durante varios años, el triciclo fue el principal punto de venta.

Pero las condiciones para comercializar productos en la vía pública comenzaron a cambiar y fue necesario buscar una alternativa.

En febrero de 2019, Cafetería El Chavo dio un paso importante al establecer su primer local en Parque Pavón.

Posteriormente llegó un segundo establecimiento sobre Reforma, cerca del crucero a Epatlán, y recientemente se incorporó un tercero a un costado del INE.

La elección de estos lugares responde principalmente al movimiento de personas.

El local de Reforma, por ejemplo, surgió después de que durante los años en que recorrían esa zona con el triciclo los propios habitantes comenzaron a reconocerlos y detenerlos para comprar café y pan.

Algo similar ocurrió con el establecimiento ubicado cerca del INE, donde existe un flujo constante de personas que acuden a realizar trámites.

Los triciclos siguen recorriendo Izúcar

A pesar de contar actualmente con tres locales, los triciclos continúan siendo una parte importante de la identidad de El Chavo.

Actualmente cuentan con dos.

Uno puede encontrarse en la zona de Benito Juárez esquina con 5 de Mayo, mientras que el otro recorre principalmente el barrio de San Juan Piaxtla.

La jornada comienza desde muy temprano.

El establecimiento de Reforma funciona como matriz y comienza actividades alrededor de las 5:00 de la mañana. El agua se pone a calentar y aproximadamente a las 5:30 comienza el servicio.

Poco después llega el pan y se preparan los productos que serán llevados a los diferentes puntos.

Alrededor de las 6:00 de la mañana los triciclos comienzan sus recorridos.

En ocasiones, lo que llevan se termina antes de concluir la jornada y es necesario regresar a surtir.

Un café que acompaña distintos ritmos de vida

La clientela de El Chavo es amplia y diversa.

Estudiantes, maestros, comerciantes, locatarios, jornaleros, trabajadores de oficinas y personas que acuden a realizar distintos trámites forman parte de quienes diariamente consumen sus productos.

En el local de Reforma, además, el espacio permite sentarse y disfrutar el café con mayor tranquilidad. El establecimiento permanece abierto hasta aproximadamente las 10:30 de la noche, mientras que los triciclos concentran principalmente sus recorridos durante la mañana.

Actualmente, el negocio cuenta con un equipo de ocho colaboradores, además de sus fundadores.

Para Ernesto y Ausencia, haber podido generar empleos y ver que algunas personas llevan varios años trabajando con ellos representa también una parte importante del crecimiento de la cafetería.

El servicio como parte de la identidad

Hay algo que los fundadores consideran tan importante como el producto: la manera en que se atiende a las personas.

A lo largo de estos años han procurado que exista un ambiente de respeto tanto dentro del equipo como hacia los clientes.

Para ellos, cada persona que llega merece recibir un buen trato.

Consideran que esa atención, sumada a sus precios accesibles, es uno de los elementos que ha permitido que muchas personas regresen y recomienden el negocio.

No pretenden ser perfectos, pero sí mantener la intención de ofrecer cada día un mejor servicio.

Una historia que todavía continúa

Cafetería El Chavo ha cambiado mucho desde aquel primer triciclo.

Actualmente cuenta con tres locales, dos unidades que recorren las calles y un equipo de trabajo que permite mantener diferentes puntos de venta funcionando.

También cuentan con servicio a domicilio en las zonas cercanas a sus cafeterías y recientemente adquirieron una pequeña moto eléctrica que están adaptando para incorporarla al negocio.

Sin embargo, hay elementos que permanecen.

Los termos, los triciclos y la imagen que los identifica siguen recordando aquellos primeros años en los que el café comenzó a recorrer las calles de Izúcar.

Y quizá ahí está una de las partes más interesantes de esta historia: El Chavo no dejó atrás su origen cuando creció; lo convirtió en parte de su identidad.

Lo que comenzó como una alternativa de trabajo en un momento de incertidumbre terminó convirtiéndose en un negocio familiar que ha sabido adaptarse, escuchar a sus clientes y crecer junto con ellos.

Hoy, casi 13 años después, aquellos primeros vasos de café dieron paso a una cafetería con presencia en distintos puntos de Izúcar.

Una historia que demuestra que detrás de muchos de los negocios que vemos todos los días existe mucho más que un producto.

Hay personas, decisiones, aprendizajes, clientes que regresan y pequeñas historias que, con el paso del tiempo, terminan formando parte de la memoria cotidiana de una ciudad.

Cafetería El Chavo: un café para todos.

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