Cuando amanece la batalla: tradición, fe y resistencia en la Danza de los Moros de Cuexpala

Por Milton Andrés García Anaya

Fotografía cortesía de Erendira Orduña

Una tradición que trasciende el tiempo

En la comunidad de Cuexpala, perteneciente al municipio de Tilapa, se preserva una de las expresiones culturales más antiguas de la región: la Danza de los Doce Pares de Francia, conocida localmente como la danza de “Los Moros”. Más que una simple representación, se trata de una manifestación que integra música, coreografía y diálogo, configurando un complejo teatro-danza que, según la tradición oral, ha perdurado por más de 150 años.

Su origen se remonta a la Europa medieval, donde narraba las batallas entre ejércitos cristianos y musulmanes. Con la llegada de las órdenes evangelizadoras a la Nueva España, esta danza fue adaptada como un recurso pedagógico para transmitir la doctrina cristiana a los pueblos originarios.

Una representación con sentido ritual

Aunque el santo patrono de Cuexpala es San Bartolomé, la danza se presenta durante el sábado del V viernes de Cuaresma en honor a Padre Jesús. La elección de esta fecha responde también a factores prácticos: el clima seco de la temporada permite el desarrollo de la representación al aire libre y el uso de pirotecnia, elemento esencial en la escenificación.

La danza está compuesta por 16 personajes: seis moros, seis cristianos, un cura, un ángel, una muerte y un diablo. Mientras algunos personajes no tienen parlamentos, la mayoría sostiene extensos diálogos que, en conjunto, superan las cien páginas. Para garantizar la continuidad de la obra, cuatro apuntadores acompañan a los danzantes, atentos a cada intervención.

El inicio: procesión y ofrenda

La jornada comienza al caer la tarde, cuando los participantes se reúnen en casa de uno de los anfitriones para compartir alimentos. Posteriormente, organizados en dos filas —moros y cristianos— parten en procesión hacia la iglesia, acompañados por música de banda.

Fotografías cortesía de Erendira Orduña

Al frente marchan los personajes principales portando ceras que son ofrecidas ante la imagen de Padre Jesús. Tras este acto, los danzantes se retiran en el mismo orden hacia el espacio donde se desarrollará la representación.

Un escenario construido por la comunidad

Uno de los elementos más destacados es la escenografía. Días antes del evento, los propios danzantes acondicionan el terreno y construyen estructuras que simulan palacios, cárceles, castillos, un puente y una capilla, utilizando materiales como carrizo, madera y follaje.

Alrededor del espacio, el ambiente adquiere un carácter festivo y comunitario. Familias enteras se reúnen con sillas, cobijas e incluso casas de campaña, preparadas para presenciar una representación que se extiende durante toda la noche.

La batalla: entre diálogo, danza y fuego

La representación inicia alrededor de las 9 de la noche con la presentación de los participantes. A partir de ese momento, los diálogos marcan el ritmo de la historia, intercalados con sones interpretados por la banda.

Conforme avanza la noche, se desarrollan los enfrentamientos entre moros y cristianos. Los machetes chocan al compás de la música, mientras la pirotecnia intensifica la escena con detonaciones y destellos que simulan el fragor de la batalla.

La participación de niños y jóvenes, muchos de ellos caracterizados como diablos o figuras de apoyo, evidencia la continuidad generacional de esta tradición, asegurando su permanencia en la vida comunitaria.

Fotografías cortesía de Erendira Orduña

Una noche que desafía el tiempo

A lo largo de la madrugada, mientras algunos asistentes se retiran y otros resisten el frío junto a fogatas, los danzantes continúan sin interrupción. La exigencia física y mental es evidente: memorizar extensos diálogos, ejecutar coreografías y mantener el ritmo durante más de diez horas requiere disciplina y compromiso.

Al amanecer, el público regresa para presenciar el desenlace. Uno a uno, los moros caen ante los cristianos, hasta llegar al enfrentamiento final del almirante Balan, quien, pese a su resistencia, es derrotado, marcando el cierre simbólico de la representación.

Fotografías cortesía de Erendira Orduña

Identidad, organización y continuidad

Más allá de su origen colonial, la Danza de los Doce Pares de Francia se ha resignificado como un elemento central de la identidad de Cuexpala. Su realización implica meses de preparación: ensayos, elaboración de vestuarios, organización logística y colectas comunitarias para cubrir gastos.

Fotografías cortesía de Erendira Orduña

En este proceso, también se suma el acompañamiento institucional. De manera concreta, el gobierno municipal de Tilapa, encabezado por el presidente municipal Juan José Flores de la Torre ha brindado apoyo para que esta y otras tradiciones continúen vigentes, reconociendo su valor cultural dentro de la región.

Una tradición que sigue viva

La Danza de “Los Moros” no es solo una representación del pasado; es una práctica viva que articula historia, fe y comunidad. Cada año, durante el V viernes de Cuaresma, Cuexpala se convierte en escenario de una memoria colectiva que se renueva en cada diálogo, en cada paso y en cada chispa de pirotecnia.

En esa larga noche de batalla simbólica, no solo se revive una historia medieval: se reafirma la identidad de un pueblo que, generación tras generación, ha decidido mantener viva su tradición.

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