Por Milton Andrés García Anaya

Un antojo cotidiano que forma parte de la identidad
Al caer la tarde en Izúcar de Matamoros, es común ver en el centro de la ciudad pequeños carritos con una hamburguesa pintada como distintivo. Para muchos, forman parte del paisaje cotidiano; para otros, son una parada obligatoria. Sin embargo, detrás de estos puestos existe una historia de trabajo, tradición familiar y sabor que los convierte en un elemento clave de la cultura alimentaria local.
Una historia que comenzó hace más de tres décadas
José Miguel Cervantes García, de 32 años, es uno de los rostros detrás de esta tradición. Su historia con las hamburguesas comenzó desde la infancia, acompañando a sus padres en el negocio familiar. Hoy, con más de 15 años trabajando de forma independiente, es propietario de “Hamburguesas El Carrito”, negocio que actualmente cuenta con dos puntos de venta: uno en el zócalo de Izúcar y otro sobre la calle Hidalgo, casi esquina con Reforma.

El origen de este tipo de hamburguesas en carrito se remonta a generaciones anteriores. El padre de Miguel trabajó con “Don Rober”, considerado uno de los pioneros en este giro en la ciudad. Con el tiempo, decidió independizarse, dando inicio a una tradición familiar que continúa vigente.
La receta: el secreto del éxito
Uno de los principales distintivos de “Hamburguesas El Carrito” es su receta. A diferencia de otros negocios, la carne es preparada de manera casera, con una fórmula familiar que ha sido perfeccionada durante más de 40 años.

“Es lo que nos distingue”, explica Miguel. “No es carne congelada ni de supermercado, todo se prepara aquí”.
El menú incluye desde la hamburguesa clásica —con aderezos, jitomate, cebolla, jamón, quesillo y queso amarillo— hasta opciones más completas como la hawaiana, considerada su producto estrella. También ofrecen combinaciones con tocino, salchicha o doble carne, además de hot dogs en distintas presentaciones.
Jornadas largas y trabajo constante
Aunque la venta inicia alrededor de las 5 de la tarde y se extiende hasta las 10:30 u 11 de la noche, el trabajo comienza mucho antes. Desde las 8 de la mañana, Miguel y su equipo acuden al mercado Miguel Cástulo de Alatriste para adquirir insumos frescos.
Posteriormente, dedican varias horas a la preparación: picar verduras, preparar la piña en almíbar —ya que no utilizan productos enlatados—, deshebrar quesillo y organizar todos los ingredientes.

En un día promedio, pueden vender entre 70 y 80 hamburguesas, aunque en jornadas de alta demanda la cifra puede superar las 120. El negocio opera todos los días, apoyado por colaboradores que permiten mantener el servicio constante.
Clientes que cruzan fronteras
El sabor ha trascendido más allá de Izúcar. Miguel comenta que es frecuente recibir clientes que radican en Estados Unidos y que, al visitar a sus familias, hacen una parada obligatoria para comer estas hamburguesas.
“Muchos vienen de vacaciones y nos buscan, ya es parte de su visita”, señala.
Estrategia, permisos y adaptación
Lejos de ser un negocio improvisado, Miguel realizó un análisis para elegir ubicaciones estratégicas, como el zócalo y una zona cercana a paradas de transporte público.
Además, destaca que el funcionamiento de estos carritos requiere permisos municipales, los cuales obtuvo de manera formal. “No es solo llegar y ponerse, hay que cumplir con los requisitos”, afirma.

Redes sociales y fidelidad del cliente
El negocio también ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos mediante redes sociales como Facebook y TikTok, donde se promocionan como “Hamburguesas El Carrito”.
Entre sus estrategias destaca la tarjeta de cliente frecuente, una iniciativa que ha tenido buena aceptación. A través de ella, los clientes pueden obtener desde hamburguesas gratis hasta premios mayores al finalizar el año.

Más que un negocio: historias compartidas
A lo largo de los años, Miguel ha acumulado numerosas anécdotas. Una de las más significativas es la de un cliente que comenzó visitándolo con sus hijos pequeños, quienes crecieron consumiendo sus productos y hoy continúan siendo clientes habituales.
“Luego bromeamos que los criamos con jamón y salchicha”, comenta entre risas.
Un oficio que mira al futuro
A pesar de los retos, como las regulaciones sobre comida en escuelas o las condiciones climáticas, Miguel considera que su producto se distingue por el uso de ingredientes frescos y locales.

Hoy, como parte de la segunda generación en este oficio, su objetivo es seguir fortaleciendo el negocio y, en un futuro, profesionalizarlo aún más.
También se prepara para celebrar el 15 aniversario de “Hamburguesas El Carrito”, evento que planea compartir con sus clientes mediante promociones y dinámicas.
Tradición que se mantiene viva
Más allá de ser un simple antojo, las hamburguesas de carrito representan una tradición urbana que ha sabido adaptarse al paso del tiempo. Son el resultado de años de trabajo, herencia familiar y una relación cercana con la comunidad.
En cada hamburguesa no solo hay sabor, sino también historia, esfuerzo y la identidad cotidiana de Izúcar de Matamoros.
